En japón fue detenido por la policía un niño que conducía el auto de su padre, naturalmente solo, para llegar a la casa de su abuela. El pequeño condujo tres kilómetros, sin causar problemas, antes que los agentes lo detengan. Afirmó haber aprendido muy bien observando al padre, pero sobretodo entrenando en los juegos de simulación que hay en los bares, dotados de volante y cabina.
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